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viernes, 19 de junio de 2009

Las miserias de la traducción: Matilde Horne


Matilde Horne, traductora argentina de 92 años que trabajó para Minotauro traduciendo grandes obras de la fantasía (J. R. R. Tolkien, Doris Lessing, Angela Carter, Stanislaw Lem, Ray Bradbury o Ursula K. Leguin se cuentan entre los autores de dichas obras), recibió un miserable finiquito de Planeta después de 50 años de servicio. Ahora malvive en una residencia de ancianos de Ibiza.

Para más información, clicka aquí (fuente: El País)

lunes, 2 de febrero de 2009

La cultura no importa, la pasta sí

Al final mi proyecto de abrir un blog, sin ánimo de lucro, para postear traducciones personales de relatos cortos de Angela Carter ha obtenido "red light" por parte de la agencia literaria que lleva el tema de los derechos de esta excelente autora británica.
Así me lo comentaban en un emilio donde, previa disculpa por haber tardado dos semanas en contestar a mi emilio previo, demostraban estar "encantados" de tratar con un fan de esta mujer, pero que sentían mucho no poder dar el visto bueno a mi propuesta (por mucho que se reconociera en ese blog la autoría original y la identidad de quiénes detentaban los derechos de publicación) ya que vulneraría el copyright.
Asimismo, reconocían conocer la situación actual de esta autora en el mercado español (sus libros están descatalogados desde hace unos años) y decían estar buscando de forma activa una editorial que pudiera apoquinar (esta palabra la pongo yo) los derechos de publicación.
Pues eso, que según estos señores lo único que puedo hacer es disfrutar de forma privada mis propias traducciones de Angela Carter. Me pregunto a qué se referirán con ello.

martes, 20 de enero de 2009

Nuevo proyecto

He empezado algunas gestiones para intentar abrir un blog que reúna las traducciones de relatos cortos de Angela Carter que empecé a hacer el mes pasado. ¿Me darán luz verde?

lunes, 29 de diciembre de 2008

Reclusión

Cuatro.
Los días que restan para mi regreso a Palma.
¿Para cuándo el tres?
Aquí el transcurrir del tiempo merecería un estudio específico desde la física cuántica.

En el lado positivo no uno sino tres han sido los relatos que he traducido de Angela Carter (La niña de las nieves, El hombre lobo y La compañía de los lobos). De momento son borradores que esperan ser adaptados, pero reconozco que ya estoy satisfecho.

Por otro lado, he aprovechado para retomar La Cicatriz, de China Miéville, que desde finales del verano lo tenía un poco olvidado. Y ya está a punto de caer. Una grata sorpresa que espero poder comentaros en breve, aunque me ha servido para bajar al autor del altar en que lo había encumbrado.

Imaginaos lo mal que tengo que estar que, de entre todo el material que espera su turno de lectura (por cierto, ya he abierto las cajas que envié a casa de mis padres, mi madre está que se sube por las paredes) me he decidido por la última novela gráfica de Bryan Talbot, Alice in Sunderland. 300 páginas en las que el autor revisa la historia de esta población de la costa noreste de Inglaterra y analiza su influencia en la configuración de una obra literaria que impregna gran parte de la cultura occidental, Alicia en el País de las Maravillas. Sí, puede sonar pretencioso (él mismo no lo niega), pero es una de las lecturas más apasionantes en cómic que he tenido ocasión de disfrutar recientemente, lo cual ya es de por sí todo un mérito habida cuenta de la aparente aridez del tema. Ahora bien, por encima del exhaustivo estudio histórico que encierra la obra, Talbot aprovecha para exponer sus ideas sobre otros temas, de calado más universal, como la creación de los mitos o la dicotomía vida-muerte, desde una constante reflexión sobre el lenguaje del cómic. Y en su (divertido) juego con el metalenguaje Talbot nos ofrece la que creo que es una de sus mejores obras hasta el momento.

Y luego, por supuesto, puesta al día de pelis y series. Southland Tales ya ha caído, junto con la genial (y lo digo en serio) Repo Man. Sólo una parte de todo lo que espero poder comentaros por aquí a finales de semana (tengo difícil acceder a internet en La Roca).

domingo, 21 de diciembre de 2008

Promesas, promesas

Esta vez va en serio.
Haré todo lo posible por traerme de Menorca una traducción de un relato de Angela Carter, autora que ostenta aquí la medalla de "descatalogada" y que es una referencia bibliográfica indispensable para la literatura fantástica según los "expertos" en el género.
El libro que he elegido es "The Bloody Chamber" (La cámara sangrienta), y el relato en cuestión posiblemente sea uno de los tres que tienen a la figura del hombre lobo como protagonista...

Reducción y decepción

Algun@s de vosotr@s ya estaréis al día del trabajo de traducción que realizo en este momento, en algunas de mis horas muertas, a título personal y sin afán de lucro. Si bien toco varios palos, como aquel que dice, a quien le dedico más tiempo es a Byron por aquello que el trabajo es compartido con otra persona, y éso siempre garantiza un poco más de constancia y regularidad comparado con el trabajo individual.
Pero de lo que quería escribir aquí es de la mitificación y del reduccionismo.
Cuando empecé con Byron, apenas había leído nada suyo (la iniciativa de este trabajo fue de la otra persona). La información que de él tenía se limitaba a lo que había asimilado de fuentes indirectas, ya sea de ensayo como de ficción. Con este material construí al fantasma de Byron. Lo reduje. Y ahora, habiendo compartido su vida (al menos una porción de aquella que consideró oportuna legar en su producción literaria) Byron se presenta como lo que realmente fue. La persona.
¿Mitifiqué al hombre en ese proceso reduccionista? Creo que no, si bien sí que le atribuí cierto halo de autoridad y prestigio a un intelectual que había trabajado con este personaje (omitiré su nombre aquí). Hasta que este finde descubrí un hecho que pone en entredicho toda su valía como traductor así como otras cualidades más directamente referidas a su persona. Ese hecho consiste en atribuirse como propia una traducción realizada por otro autor (autora) cincuenta años atrás. Simplemente no podía créermelo, pero las evidencias eran clarísimas. Y ya véis, el tipo cuenta con una reputación intachable en el mundillo intelectual nacional. Pero lo más interesante, en mi opinión, es ese instante breve en el que me empeñé en negar lo innegable. Es curioso (e inquietante) como puede haber gente así, tan hábil en el uso de caretas, tan ducha en la manipulación de los demás.